El hospital que llamó a Ferrari
En Londres, pasar a un niño recién operado del quirófano a la UCI era un caos. Dos médicos vieron una parada en boxes por la tele y encontraron la solución en un sitio que no tenía nada que ver con un hospital.
Great Ormond Street, Londres. Un niño acaba de salir de una operación de corazón y hay que llevarlo a cuidados intensivos. Es un trayecto de pocos metros. Y es el momento más peligroso de todo el día.
Alrededor de la cama hay cables, bombas, un respirador y varias personas hablando a la vez. El equipo de quirófano sabe cosas que el de la UCI necesita saber. Se las cuenta mientras mueve tubos. Algo se pierde casi siempre.
Todos saben que ese traspaso es un problema. Nadie sabe cómo arreglarlo.
¿Y qué pinta Ferrari en un quirófano?
Martin Elliott, cirujano, y Allan Goldman, intensivista, estaban viendo una carrera de Fórmula 1 por televisión. Vieron una parada en boxes: veinte personas alrededor de un coche, un puñado de segundos, y nadie se estorba.
Y vieron su traspaso.
Escribieron a Ferrari. Ferrari les invitó a ver las paradas desde el foso en el Gran Premio británico, y a principios de 2005 viajaron a su sede. Uno de los médicos reconoció después que la idea le había parecido, de entrada, un poco chiflada.
Normal. A mí también me lo parecería. Si alguien en tu empresa propone arreglar la atención al cliente copiando a un equipo de carreras, lo más probable es que se ría medio comité. El otro medio pedirá un estudio.
¿Qué se trajeron, exactamente?
No se trajeron el coche. Ni la velocidad, ni los monos rojos, ni el foso.
Se trajeron una figura: la persona que coordina la parada sin tocar nada. En el protocolo nuevo, el anestesista manda durante el traspaso hasta que entrega formalmente al intensivista. Los dos están obligados a dar un paso atrás en momentos fijos y mirar el conjunto. Y separaron dos cosas que antes iban mezcladas: primero se pasan los equipos, y después, con las manos quietas, la información.
Y hubo cosas que dejaron en Maranello. Colocar a cada persona en una posición fija alrededor de la cama, como hace Ferrari con el coche, lo descartaron. Uno de los médicos lo llamó “un paso demasiado lejos”.
Ojo con eso, porque es lo que casi nadie hace. Traer algo de otro sector no es traerlo entero. Es quedarse con el mecanismo y dejar la superficie donde estaba.
¿Y funcionó, o es otra historia bonita?
Ken Catchpole, especialista en factores humanos, midió cincuenta traspasos: veintitrés antes del cambio y veintisiete después. Los pacientes que sufrían a la vez errores de equipo y de información pasaron de alrededor del treinta por ciento a alrededor del diez.
Cincuenta traspasos no es un ensayo con miles de pacientes. Es un hospital que midió antes y después, y lo publicó. Me fío más de eso que de muchos estudios grandes que nunca bajaron a la cama.
Cómo lo uso
Casi todas las empresas tienen un traspaso como ése. El comercial que pasa un cliente a operaciones. El proyecto que pasa de oficina técnica a obra. La incidencia que pasa del turno de noche al de mañana. Siempre en movimiento, siempre con prisa y con alguien contando cosas mientras hace otras.
Cuando entro en uno, hago dos preguntas. La primera: ¿quién manda en el traspaso? No quién es responsable del antes o del después, sino del momento en sí. Casi siempre la respuesta es nadie, o todos, que viene a ser lo mismo.
La segunda: ¿se pasan las cosas y la información a la vez? Si la respuesta es sí, ahí hay un error esperando a pasar.
Arreglar las dos no cuesta ninguna herramienta. Cuesta decidir quién coordina y en qué orden se hacen las cosas.
Y escribirlo.
Fuentes. Catchpole K., De Leval M., McEwan A. et al. “Patient handover from surgery to intensive care: using Formula 1 pit-stop and aviation models to improve safety and quality”, Pediatric Anesthesia, 2007 · American Society for Quality, caso “Great Ormond Street Hospital for Children: Ferrari’s Formula One handovers and handovers from surgery to intensive care”.