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Inconexodecidir, riesgo

La factura que ya pagué

La única historia de Inconexo que no es de otro sector. Es la mía, de 2017 a 2020, y es la que más cara me ha salido.

Recorte de El Mundo: “Wannaparty, así funciona el Blablacar de las fiestas en casa”, 21 de mayo de 2018.
El Mundo, 21 de mayo de 2018. Recorte de prensa

Todas las historias de este blog son de otros. Ésta no.

Entre 2017 y 2020 tuve una empresa que se llamaba WannaParty. Pasó por la aceleradora Conector. Salió en El Mundo, en La Razón y en EuropaFM.

Y la cerré.

Me gasté el presupuesto en construir antes de saber si había demanda. Ésa es la historia entera. Lo demás son detalles. Y los detalles son lo que duele.

¿En qué se fue el dinero?

En construir. Que es justo donde a mí me gusta gastarlo.

Construir tiene una cosa muy buena: cada semana hay algo nuevo que enseñar. Una pantalla más, un botón que ya funciona, un flujo que el lunes no existía. Se ve. Y como se ve, parece que avanzas.

Llegar a la gente no se ve. Es probar un canal, tirar dinero en un anuncio que no funciona, cambiar el mensaje y volver a tirarlo. El viernes no hay pantalla que enseñar. Así que lo dejé para después.

Y después no hubo.

Es como abrir un bar y gastarte el dinero en la barra, las sillas y una cafetera buena, y dejar para más adelante el cartel de la puerta. La barra quedó estupenda. La calle no se enteró.

¿Y no lo vi venir?

No.

Sabía construir. La otra mitad, llegar a la gente, no sabía hacerla. Y lo que no sabes hacer no te parece un problema: te parece algo que vendrá solo cuando el producto esté bien.

Además tenía la aceleradora y tenía la prensa. Y eso engaña mucho, porque parece demanda y es atención. La atención no paga facturas.

“Tú construías un producto. Yo compro software para mi empresa. No tiene nada que ver.”

Tiene todo que ver. Cuando compras un CRM antes de saber si el comercial lo va a rellenar, estás construyendo antes de saber si hay demanda. La demanda, en tu caso, es tu propio equipo. Y el presupuesto se va igual: licencias, implantación, formación. Lo que queda para averiguar si alguien lo va a usar es cero, porque esa partida no la presupuesta nadie.

La misma factura. Con otro logo.

Sí, esto suena a charla de aceleradora. Con la diferencia de que en las charlas de aceleradora esta parte no se cuenta.

¿Qué haría hoy?

Gastar primero una parte pequeña en averiguar si alguien lo quería. Y construir después, sólo si la respuesta era que sí.

No es una idea original. Está en cualquiera de los libros que no leí a tiempo. Lo que no está en los libros es lo difícil: comprobar es aburrido y construir es un vicio. Cuando puedes elegir entre las dos, eliges construir. Y te cuentas que estás avanzando.

A mí me sigue pasando. Ahora menos, porque me acuerdo de la factura.

Cómo lo uso

Cuando entro en una empresa, los primeros días no se construye nada y no se mira ninguna herramienta. Se escribe el problema en una frase, se siguen de punta a punta tres casos que ya han pasado y se decide si merece la pena tocarlo. Es la parte que no se puede enseñar en una demo. Por eso nadie la pide y por eso la hago primero.

Y en la tabla de alternativas va siempre la columna de no hacer nada, con sus números. Es la columna que en 2017 ni se me pasó por la cabeza.

Todas las demás historias de este blog las he leído. Ésta la pagué.


Fuentes. La historia es la mía, y no hay más fuente que yo. Los recortes de prensa de entonces están en quién soy.

Inconexo, cada lunes

Una historia como ésta, cada lunes.

Real, de otro sector, y al final lo que haría con ella en una empresa mañana, viernes.

Cinco minutos. Te das de baja en un clic y no pasa nada.

Te lo envío con Substack: el primer correo te llega de allí.