Comprar, adaptar o construir: la pregunta está mal hecha
Las tres opciones que te ponen encima de la mesa no son tres opciones. Son tres respuestas a una pregunta que todavía no has escrito.
Llega el momento en toda empresa de servicios en el que alguien dice la frase: “hay que decidir si lo compramos, lo adaptamos o lo construimos”.
Y a partir de ahí la conversación se pudre.
Se pudre porque las tres palabras parecen tres opciones comparables y no lo son. Comprar es una decisión de proveedor. Adaptar es una decisión de arquitectura. Construir es una decisión de plantilla. Le estás pidiendo a la misma reunión que resuelva tres cosas distintas, con tres horizontes distintos. Por eso no resuelve ninguna.
Es como cuando se rompe el horno. Uno dice “cambiamos la cocina entera”, otro dice “con arreglar el horno vale” y el tercero conoce a un carpintero que te la hace desde cero. Tres conversaciones. Y nadie ha dicho todavía qué se cocina en esa casa.
¿Qué falta antes de esa pregunta?
Falta otra que casi nunca está escrita.
¿Qué tiene que ser verdad dentro de seis meses para que esto haya merecido la pena?
Una frase. Con un número si lo hay.
“Que preparar una propuesta baje de tres días a media jornada.” “Que dejemos de perder el 15 % de los albaranes entre la obra y administración.” “Que el comercial deje de copiar datos a mano entre dos sistemas.” En la cocina: “que cenen seis sin que nadie coma de pie”.
La escribe quien va a pagar, no quien va a instalar. Si la escribe el proveedor, la frase va a decir lo que vende el proveedor.
Con esa frase delante, las tres opciones dejan de ser ideología y pasan a ser aritmética. ¿Cuánto tarda cada una en llegar a ese número? ¿Cuánto cuesta el año uno? ¿De quién dependes después? ¿Y si te equivocas?
Sin esa frase, gana la opción que defienda mejor quien hable más alto.
¿Y la cuarta opción?
Hay una cuarta que casi nadie pone en la mesa: no hacer nada.
Ya, me dirás que eso no es decidir. Pues sí lo es, y tiene coste: lo que sigues perdiendo cada mes por dejarlo como está. Se estima igual que las otras tres. Cuando ese número es pequeño, lo correcto es esperar, y decirlo por escrito ahorra que el tema vuelva cada trimestre.
Y a veces el número no es pequeño y aun así lo correcto es esperar un poco. Porque lo que falta no es la cocina. Es saber si alguien va a venir a cenar.
A mí me ha pasado. Con WannaParty, entre 2017 y 2020: me gasté el presupuesto en construir antes de saber si había demanda, y cerré. Lo correcto habría sido gastar primero una parte pequeña en averiguar si alguien lo quería, y construir después.
No esperé.
Esa factura la pagué yo.
Cómo lo uso
Escribo el problema en una frase. Escribo los criterios ANTES de mirar marcas, porque después de mirarlas los criterios se contaminan solos. Pongo las cuatro alternativas en una tabla, una fila por criterio, y las relleno con rangos y plazos, no con porcentajes inventados.
Y debajo, siempre, la misma línea: recomendación, responsable, primer paso y fecha de revisión.
Y entonces sí: ¿lo compras, lo adaptas o lo construyes? Ahora la pregunta está bien hecha.
Fuentes. La única historia de esta nota es la mía. Está contada entera en La factura que ya pagué y resumida en quién soy. Los ejemplos entre comillas son inventados para ilustrar, no datos.